domingo, 11 de mayo de 2014

Hallan mil estatuas de Buda en China

Más de mil estatuas antiguas de Buda, que datan de la dinastía Ming (1368-1644), han sido descubiertas en tres cuevas de piedra en un acantilado en el distrito de Yangqu, de la provincia septentrional china de Shanxi, informó hoy el departamento de protección de reliquias culturales local.
Las estatuas de piedra esculpidas en las paredes de las cuevas tienen de 12 a 25 centímetros de largo, apuntó Yang Jifu, director del buró de turismo de patrimonio cultural del distrito.

Jifu dijo que dos de las cuevas fueron restauradas en la dinastía Ming, según los registros en dos estelas en las cuevas. De acuerdo con los expertos del Instituto de Arqueología de Taiyuan, capital de la provincia, el arte de las estatuas de piedra de Buda alcanzó su apogeo desde el periodo de las dinastías Norte y Sur (420-589) hasta la dinastía Tang (618-907), por lo que es muy raro encontrar estas estatuas de la dinastía Ming.

Algunos historiadores describen a los Ming como “una de las mayores eras de gobierno disciplinado y estabilidad social de la historia humana”. Bajo su mandato se construyó una vasta flota y un extenso ejército permanente de un millón de efectivos. Se realizaron numerosos proyectos de construcción, incluyendo el Gran Canal, la Gran Muralla y la fundación de la Ciudad Prohibida en Pekín durante el primer cuarto del siglo XV. Se estima que la población a finales del reinado de los Ming era de entre 160 y 200 millones de personas.

De acuerdo a la tradición, el Budismo se introdujo en China durante la dinastía Han (206 a.C. – 220 d.C.) cuando el emperador tuvo un sueño en el que veía a un hombre dorado volador que pensó era Buda. Si bien los registros históricos confirman este hecho, la doctrina filosófica no floreció en China hasta el periodo de las Seis Dinastías (220 d.C. – 589 d.C.).

La difusión del Budismo en China se realizó fundamentalmente a través de los comerciantes, a los que siguieron los monjes de Partia y Sogdiana, siendo alrededor del año 65 d.C., cuando se tienen los primeros datos fidedignos sobre el Budismo en la milenaria cultura de Oriente. Un siglo más tarde, en el 148 d.C., se iniciaron las primeras traducciones de textos budistas del sánscrito al chino, favoreciendo su difusión tanto entre las clases letradas como entre el pueblo.

El Budismo entró rápidamente en contacto con la  filosofía taoísta por la proximidad de los supuestos filosóficos, especialmente conceptos como el de la no-acción, la ausencia de método y la búsqueda de la individualidad. Si estas razones fueron suficientes para llamar la atención de la clase letrada, las clases populares vieron en ella un elemento de cohesión y un panteón tangible al que dirigir sus súplicas. Es en este aspecto en el que el Budismo se integró en el arte, al favorecer el desarrollo de lugares necesitados de unas formas arquitectónicas (pagodas y monasterios) y una decoración (escultura y pintura capaces de cubrir las necesidades del clero y los fieles).

El reciente descubrimiento de las ancestrales estatuas de Buda contribuirá al estudio del desarrollo y del cambio del arte religioso en el norte durante los tiempos antiguos, afirmaron los arqueólogos.

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