jueves, 1 de mayo de 2014

El extraño caso de la mujer que murió dos veces

Lo imagino como una narración de Alfred Hitchcock… no, mejor de Orson Welles. Buenas noches, dice con su voz profunda de barítono. La historia que están a punto de leer proviene de un caso de asesinato real proporcionado por el valiente departamento forense de la ciudad de Londres. Debido a la naturaleza de lo que están a punto de leer, algunos nombres pudieron haber sido omitidos para proteger la memoria de las víctimas.

El cuerpo de una mujer es hallado cerca del Támesis. La policía logra hacer un perfil de su ADN, sólo para descubrir que la mujer a la que pertenecía ese ADN había muerto semanas antes. El médico forense Mike Silverman afirma, sin exagerar, que este caso fue uno de los más extraños de toda su carrera.

Pero no se trata del caso de un Döppelganger ni de un viajero en el tiempo ni del don de la ubicuidad, sino de un caso cuya explicación llevó a Silverman a darse cuenta de un grave peligro en las investigaciones forenses. Estamos en 1997 y la idea del arquetipo está cambiando: ya no es el vaquero que combate el crimen a balazos, sino el científico, un Sherlock Holmes.

Desde series como CSI: Miami hasta Lie To Me se basan en la hibridez del científico y el hombre de acción, el héroe de laboratorio. Dos mujeres parecían tener el mismo ADN, y ambas murieron con tres semanas exactas de diferencia en dos brutales asesinatos investigados por dos equipos de detectives independientes. 
Descartando todo nexo visible entre ambas mujeres, Silverman y su equipo llegaron a la conclusión de que el problema debió estar relacionado a la forma en que se tomaron y analizaron las muestras. Tal vez las muestras de ADN que fueron tomadas de las uñas de ambas mujeres se habían mezclado en el laboratorio, o una etiqueta con el nombre incorrecto.

Las técnicas modernas permiten producir un perfil de ADN a partir de ínfimas cantidades de material genético; sin embargo, el 99.9% del material genético es idéntico entre todos los miembros de la especie: es el 0.1% que varía en cada caso lo que nos hace individuales. 

Luego de seguir varias hipótesis, el doctor Silverman llegó a la conclusión de que las alpargatas con las que muestras de uñas habían sido recolectadas en la morgue contenía material genético de ambas mujeres. Al tratarse de casos de homicidio, ambas víctimas fueron sometidas a autopsia, donde se tomaron diferentes muestras de tejidos y órganos. Esto es parte del procedimiento estándar en caso de  homicidio o cuando las circunstancias de la muerte son sospechosas. Pero fueron ínfimos restos de pintura para uñas lo que transportó el ADN de la primera víctima a las uñas de la segunda a través de las alpargatas.

Posteriores análisis revelaron que este había sido el móvil causante de la extraña confusión, y el misterio dio origen a un nuevo procedimiento forense donde las uñas de las víctimas serán cortadas con tijeras desechables, para evitar contaminar posibles evidencias.

No es una novela detectivesca ni de ciencia ficción, sino un curioso caso de cuando la ciencia parece estorbarse a sí misma, y a pesar de todo, de cómo la ciencia se nutre de sus propios errores.




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