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lunes, 26 de junio de 2017

Un misterioso altar solar de 3.000 años es hallado en China



Los restos de un enigmático altar dedicado a la adoración al Sol han sido descubiertos en la región autónoma uigur de Sinkiang, en el noroeste de China. La estructura —de 3.000 años de antigüedad— fue identificada en 1993, pero las obras arqueológicas en el sitio no comenzaron hasta finales del año pasado.

Las excavaciones demuestran que el altar guarda sorprendentes similitudes con el tipo de templos construidos por tribus nómadas en la estepa euroasiática, que se extiende desde Moldavia hasta Siberia. Esta es la primera de tales estructuras descubierta en el Lejano Oriente, lo que —según arqueólogos— demuestra que las culturas que poblaron el actual Sinkiang durante la Edad de Bronce eran considerablemente similares a las de otras regiones de Asia Central. 

«Esto confirma que la cultura de las planicies centrales alcanzó las faldas de las montañas de Tian Shan, en las praderas de Bayanbulak, extendiendo la Ruta de la Seda hasta la garganta del país», afirmó Liu Chuan-ming, uno de los arqueólogos que estudian el sitio, según reporta Sina.

El altar consiste en una serie de anillos circulares hechos de adoquines y barro, y tiene un aro exterior de más de 100 metros de diámetro. La estructura cuenta además con tres capas de roca, cuyas piedras —según creen los arqueólogos— fueron transportadas al sitio a través de grandes distancias.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Un investigador cree haber hallado una ciudad antigua en la desembocadura del Guadalquivir



El investigador sanluqueño Manuel Cuevas ha comunicado a la Junta de Andalucía lo que considera el hallazgo, mediante fotografías tomadas por satélite, de una gran ciudad antigua sepultada en el pinar de La Algaida, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), junto a la desembocadura del Guadalquivir. Las fotografías aportadas por el investigador, empresario autodidacta de 52 años, están tomadas por satélite a 700 kilómetros de altitud y posteriormente aumentadas y tratadas. Dejan ver formas estructurales sepultadas también en el Cerro del Trigo, en el actual parque de Doñana, donde el arqueólogo alemán Adolf Schulten ubicó la antigua Tartessos, a unos seis kilómetros de La Algaida, pero en la otra orilla del río Guadalquivir. Cuevas ha presentado un escrito en el Registro de la Consejería de Cultura de Andalucía en el que aporta las coordenadas de lo que ha interpretado como cuatro grandes edificios y un poblado, todos ellos de no menos de 2.500 años de antigüedad. Una de estas estructuras, un edificio o plaza rodeada de más construcciones, llega a medir 360 metros por 180, mientras que otra de las estructuras mide unos 180 por 100 metros, unas dimensiones inusuales para ese periodo histórico. La zona del pinar de La Algaida tiene una extensión de unos ocho kilómetros cuadrados. Allí pueden interpretarse estructuras de edificios completos, como si se hubieran conservado por haber sido sepultados de golpe al haber sufrido una gran inundación de agua y sedimentos. Otras estructuras Independientemente de esos restos enterrados, Cuevas ha detectado otro tipo de estructuras, de una época más reciente aunque anterior a la etapa romana, como espigones portuarios, canales navegables, restos de muros y cimentaciones que podrían haber sido embarcaderos y otras que ofrecen líneas paralelas y cuadrículas de dimensiones similares a las de las calles de una ciudad. Ante estas fotografías, que Cuevas interpreta como "evidencias", el investigador ha pedido apoyo de la Consejería de Cultura para efectuar un estudio de tomografía eléctrica para determinar a qué profundidad se hallan los muros que están más próximos a la superficie para poder hacer una excavación, además de para tomar más fotografías aéreas de la zona. La Junta le ha remitido a la Delegación de Cultura de Cádiz, donde debe presentar un proyecto de investigación avalado por una universidad andaluza Responsables de la Consejería, que han visto las fotografías de Cuevas y escuchado sus explicaciones, le han remitido a la Delegación de Cultura de Cádiz, donde debe presentar un proyecto de investigación avalado por una universidad andaluza, para dotarlo de carácter científico y académico. Entre otros especialistas, Cuevas ha contactado con el catedrático de Arqueología de la Universidad de Sevilla Ramón Corzo, quien ha mostrado interés por los indicios revelados por las imágenes del satélite, las cuales considera que deberían comprobarse científicamente con una excavación o al menos con unas catas o con tomografías. En la zona de La Algaida se hallaron hace años restos turdetanos —los turdetanos fueron un pueblo prerromano que habitaba la Turdetania, región que abarcaba el valle del Guadalquivir desde el Algarve en Portugal hasta Sierra Morena, coincidiendo con los territorios de la antigua civilización de Tartessos— y romanos en el lugar denominado El Tesorillo. A una cierta distancia de allí, Cuevas tiene localizadas numerosas piedras con argamasa, sillares y restos de muros enterrados. El investigador, quien lleva años dedicado a estos estudios, ha lamentado la "falta de entusiasmo" que encuentra entre los arqueólogos, si bien es consciente de que estructuras arquitectónicas como las que está seguro de haber detectado, por la profundidad a que se encuentran y la evolución del nivel del mar en la zona, tendrían una antigüedad superior a la de las grandes estructuras faraónicas y mesopotámicas. Algunas de estas estructuras, por la profundidad a que se hallan, remiten al periodo en el que la desembocadura del Guadalquivir era un enorme estuario, en el que el agua del mar cubría la actual Sevilla, una época en la que no se conocía tecnología para construir semejantes estructuras y remitiría a los ámbitos del mito, a una civilización perdida.

domingo, 11 de enero de 2015

Oricalco, el mítico metal de la Atlántida, es hallado en un naufragio


Resplandecientes piezas de un metal conocido como oricalco, que según los antiguos griegos provenía de la mismísima Atlántida, han sido recuperadas de un barco hundido hace más de 2.600 años en la costa sur de Sicilia.

La embarcación que llevaba el precioso cargamento habría sido devorada por las fuerzas de Poseidón cuando se encontraba próxima a entrar en el puerto de Gela.

«El naufragio data de la primera mitad del siglo VI», declaró Sebastiano Tusa, de la Superintendencia del Mar en Sicilia. «Fue encontrado a 300 metros de la costa a poco más de 3 metros de profundidad».

Los buzos recuperaron un total de 39 lingotes que yacían dentro del barco semienterrados en la arena. «No se ha descubierto nada similar, sabíamos de la existencia del oricalco gracias a los textos antiguos y unos pocos objetos ornamentales», expresó entusiasmado Tusa.

Tesoro atlante

El metal legendario es mencionado en escritos antiguos siendo los más significativos los textos de Platón sobre la Atlántida. Según estos escritos este metal sería el segundo más valioso y era extraído en muchas parte de la Atlántida, la cual brillaba gracias «al resplandor rojizo del oricalco». La palabra oricalco significa «cobre de montaña» y deriva del griego.

En la mitología griega, el creador del maravilloso metal fue Cadmo, el rey de una tribu de Canaán, a quién se atribuye la introducción del alfabeto en Grecia, al igual que la del arado, la fundición de metales y la agricultura.

Según estudios de muchos especialistas en metales e historiadores de la minería, el oricalco u orichalcum no es más que una aleación de cobre, zinc y plomo, muy probablemente el conocido como latón dorado. Sin embargo, la referencia dada por Platón en Critias elimina la posibilidad de que sea una aleación de metales, ya que «se le extraía de la tierra en muchos lugares de la isla» (Critias, 114). A la vista de esta descripción algunos arqueólogos han pensado que el oricalco no era más que el ámbar: precisamente durante la Edad de Bronce final (s. XII-X a.C.) el ámbar era uno de los principales productos que, desde la Península de Jutlandia, los navíos de Tartessos exportaban a todo el Mediterráneo junto con el estaño, el bronce y la plata.

El investigador británico James Allen, quien propone la teoría de ubicar la Atlántida en el Altiplano andino, establece que el oricalco corresponde a la aleación natural de oro y cobre que existe en forma única y abundante en esa región (minas en Urukilia, muy cerca de Pampa Aullagas), de la cual hay hecha gran cantidad de artesanía rescatada por la arqueología.

Sobre los lingotes encontrados

Al ser analizados mediante fluorescencia de rayos-X, los 39 lingotes resultaron ser una aleación hecha en un 75-80 por ciento de cobre, 15-20 por ciento de zinc, y pequeños porcentajes de níquel, plomo e hierro.

«El hallazgo confirma que un siglo después de su fundación en el 689 a.C., Gela creció para convertirse en una ciudad opulenta con talleres de artesanos especializados en la producción de artefactos preciosos», señaló Tusa. Los 39 lingotes recuperados del naufragio estaban, de hecho, destinados a estos talleres donde serían utilizados para decoraciones de alta calidad.

Cualquiera sea el origen y naturaleza del oricalco, el equipo de Tusa tiene planes para hacer excavaciones en el naufragio y traer a la superficie todo el cargamento. ¿Descubrirán más tesoros legendarios?






domingo, 3 de agosto de 2014

Científicos Revelan Secretos del Enigmático Barco Hallado Bajo las Ruinas de 11-S

Arqueólogos descubren los secretos del origen de la misteriosa nave encontrada bajo las ruinas de las Torres Gemelas del Centro Mundial de Comercio en Nueva York.
Un reciente estudio de la Universidad de Columbia (EE.UU.) responde a los interrogantes que existían en torno al origen de los misteriosos restos de un viejo barco hallado en 2010 durante las excavaciones de las ruinas de las Torres Gemelas de Nueva York, que fueron destruidas en los atentados del 11 de septiembre de 2001, informa el portal de la universidad. 
Expertos del Observatorio Terrestre ‘Lamont-Doherty’ de la Universidad de Columbia forman parte del equipo de científicos que revelado la edad y origen de la nave gracias a los anillos de madera. El estudio descubre que el casco del barco fue realizado con madera de robles blancos procedentes de un antiguo bosque del área de Filadelfia. Los árboles fueron cortados aproximadamente en 1773, unos años antes de la Guerra de Independencia de EE.UU. contra el Reino Unido.
La clave para determinar el origen del buque surgió de las muestras de madera que Ed Cook, un científico de ‘Lamont-Doherty’, había tomado del monumento de Independence Hall en Filadelfia hace unas décadas. Los anillos de crecimiento aún visibles en la madera del edificio coincidían con las de la nave del Centro Mundial de Comercio, lo que sugiere que la madera utilizada en ambas estructuras llegó de la misma región.

Según los últimos datos de la investigación, el barco se ha identificado como Balandra del Río Hudson y fue diseñado por holandeses para transportar pasajeros y cargas a través de aguas rocosas y poco profundas. Probablemente fue construido en Filadelfia, en un centro para la construcción naval de la época colonial. Se supone que después de unos 20 o 30 años de servicio navegó hasta su último punto de destino en el Bajo Manhattan, parte meridional de la isla neoyorquina.
Dado que el joven país y el comercio florecieron en el puerto de Nueva York, la costa occidental de Manhattan avanzó hacia el oeste y el buque quedó finalmente sepultado por la basura y otros vertidos. Alrededor de 1818 el buque habría desaparecido de la vista por completo, pero los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 precipitarían las excavaciones y, con ellas, el renacimiento del buque.

viernes, 13 de junio de 2014

Hallado fragmento de cuerda de hace 30.000 años en la Cueva de Ardales (Málaga)


LOS INVESTIGADORES CONSTATAN TAMBIÉN QUE FUE HABITADA MUCHO ANTES DE LO QUE SE PENSABA. 
La cueva, ampliamente conocida por sus pinturas paleolíticas datadas hace 30.000 años, ofrece ahora esta nueva sorpresa que estuvo a la vista todo el tiempo.
 Contenido
Los investigadores de la Cueva de Ardales aún no salen de su asombro. Han pasado centenares de veces por la entrada y han analizado desde todos los puntos de vista las manos negativas paleolíticas, una silueta con 30.000 años de antigüedad que es uno de los motivos gráficos más antiguos realizado por los seres humanos y que solo se ha encontrado en 28 de los más de 360 yacimientos rupestres paleolíticos existentes en Europa. Sin embargo, el pasado mes de febrero, en una nueva revisión, encontraron en la parte alta de una estalagmita lo que parecía un trozo de cuerda de esparto trenzada y que se encontraba completamente petrificada.
Los investigadores la catalogaron en el acto, dos técnicos del Instituto Geológico y Minero de Madrid fueron a Ardales para comprobarlo y validarlo, y se le ha aplicado la prueba del carbono 14 en la Universidad de Colonia (Alemania) para comprobar que, efectivamente, era prehistórica, siendo el resultado positivo. La cuerda encontrada tiene unos 30.000 años.
“Nuestra primera reacción fue de sorpresa. Todos hemos pasado muchas veces por esa zona para ver las manos, pero la cuerda estaba detrás. Es increíble“, comenta a este diario Pedro Cantalejo, uno de los investigadores y conservador de la cueva.
No es la primera vez que se halla una cuerda de este tipo. De hecho, hace años se encontró una en la sima de la Curra en Carratraca -muy próxima a Ardales- en un enterramiento neolítico y hay más casos en España. El más llamativo es el de la Cueva de los Murciélagos, situado en Albuñol (Granada), donde además de la cordelería prehistórica se encontraron alpargatas y hasta pequeñas mochilas de esparto. Lo singular del descubrimiento en Ardales es que es la primera vez que se ve una cuerda cuyo único fin, a priori, era subir y bajar de una estalagmita para ir a pintar o para contemplar las pinturas realizadas con anterioridad. La cuerda está atada en la parte alta de una estalagmita muy ancha a unos cuatro metros de altura y tiene varias ramificaciones, estando el anclaje en una pequeña.
Una vez solucionado el problema para subir o bajar de la estalagmita, había que tener la suficiente luz para poder realizar las pinturas y ése ha sido otro de los campos que se han investigado. Junto a la cuerda, los expertos han encontrado cuatro lámparas sobre estalagmitas fracturadas y en el resto de la cueva se han descubierto otra decena de lámparas fijas, así como otras portátiles abandonadas tras su uso. Para generar fuego y luz, los prehistóricos utilizaban distintos materiales. Los arqueólogos han visto que en esas lámparas se conservan restos de combustibles orgánicos como grasa del tuétano de los huesos o cera virgen de abeja.
Descubrir esa cuerda y las lámparas ha sido un hito significativo para los historiadores, pero no ha sido el único. Hasta ahora, los expertos pensaban que la Cueva de Ardales tenía unos 30.000 años de antigüedad. Sin embargo, los últimos estudios realizados demuestran que se habían quedado cortos porque ya había sido utilizada por los neandertales como refugio hace 50.000 años.
Se han hallado e investigado sedimentos arqueológicos con pólenes, carbones, huesos de personas y animales, herramientas fabricadas en sílex, pigmentos, arte rupestre y los mencionados elementos de iluminación. Además, se ha realizado una topografía científica del exterior e interior de la cueva, incluyendo el uso de georradar y sondeos geoarqueológicos, que han permitido comprobar que la boca de entrada a la cueva era más grande de lo que se pensaba y permitía el paso de la luz hasta la conocida como Sala de las Estrellas, “algo que aprovecharon neandertales y sapiens sapiens para refugiarse de la multitud de animales peligrosos que existían en el entorno”, destacan los investigadores. Se han hallado huesos de animales que indican que nuestros antepasados comían cabras montesas, ciervos, caballos, conejos, aves o tortugas. También se han documentado huesos de un lince ibérico. “Siempre habíamos pensado que la Cueva de Ardales era un gran museo de la Prehistoria de hace 30.000 años pero ahora cambia toda la perspectiva”, narra Cantalejo de forma entusiasta.
Por otra parte, los investigadores han encontrado una zona dedicada al procesado de pigmentos, bajo un afloramiento de óxido de hierro entre dos estratos calizos. En ese taller, los artistas raspaban el óxido natural, pulverizándolo en un mortero y tostándolo. Con este procedimiento, obtenían un pigmento rojo indeleble que se mezclaba con agua para aplicarlo con pinceles o, simplemente, se manchaban los dedos y dibujaban con ellos en las paredes húmedas de la cueva.
Todos estos descubrimientos se deben al trabajo realizado por 34 investigadores a lo largo de los últimos años. El equipo está coordinado por José Ramos, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cádiz y uno de los mayores expertos en esta materia, y Gerd Christian Weniger, profesor y director del Neanderthal Museum de Alemania. A ellos hay que sumarles otros 32 especialistas procedentes de las universidades de Cádiz, Málaga, Granada, Alcalá de Henares, Burgos, Rovira i Virgili, UNED, Colonia y Aachen, así como instituciones investigadoras como el Neanderthal Museum, el Instituto Geológico y Minero de España, el Museo de Villamartín y los investigadores malagueños vinculados a la Cueva de Ardales y al ayuntamiento de esta localidad malagueña.
Los resultados de estas investigaciones acaban de ser publicados en un libro y las conclusiones han sido remitidas a la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía.
El objetivo ahora es solicitar al gobierno regional fondos para otro proyecto de investigación en el que se marquen nuevos retos y zonas de estudio de la cueva. Los investigadores quieren regresar en otoño o invierno, aunque aún no hay nada fijado. En sus cavidades se esconden aún muchos secretos que nos arrojarán más luz sobre cómo vivían los seres humanos hace sólo 50.000 años.