Unos investigadores de la Universidad de Florida Central (Estados Unidos) han desarrollado una batería que tiene días de duración, tarda pocos segundos en cargarse y cuya vida útil es 20 veces superior a sus homólogas compuestas por iones de litio.
El dispositivo consiste en una fina placa de metal flexible del tamaño de un uña que, además de almacenar grandes cantidades de energía, aguanta más de 30.000 recargas sin perder capacidades. Por contra, casi todas las baterías presentes en el mercado comienzan a degradarse al cabo de 1.500 recargas.
El secreto de esta potencia son sus supercondensadores, compuestos por millones de alambres de un nanómetro —la milmillonésima parte de un metro— de espesor cubiertos con materiales bidimensionales y un núcleo altamente conductivo, que permite la transferencia de electrones a grandes velocidades.
Con estos dispositivos "no habría que recargar los teléfonos móviles durante más de una semana", según ha explicado Nitin Choudhary, uno de los especialistas que ha llevado a cabo la mayor parte del desarrollo de este proyecto, cuya tecnología está pendiente de ser patentada.
¿La realidad puede ser alucinante en sí misma? Por nuestra vida diaria pensaríamos que no. Cotidianamente vivimos en la normalidad, un estado cuyas características aprendemos a reconocer mejor cuando lo confrontamos con otro, por ejemplo, el mundo del sueño, o el de las sustancias psicoactivas y las fabulaciones que provocan.
Sin embargo, esto se debe a una función de nuestro cerebro. Si por un momento nos detenemos a registrar cada uno de los cientos o miles de estímulos sensoriales que coexisten en un solo fragmento de realidad, nos daremos cuenta de que esta es suficientemente delirante por sí misma, sólo que evolucionamos para no aprehenderlo de esa manera.
De acuerdo con un estudio llevado a cabo por los investigadores David Whitney, de la Universidad de California en Berkeley, y Jason Fischer, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), nuestro cerebro cuenta con una especie de filtro que nos protege contra la locura y la alucinación. Se trata de un retraso de entre 10 y 15 segundos entre la recepción de los estímulos visuales del mundo (colores, formas, matices, diferencias de perspectiva, etc.) y la comprensión de los mismos.
“Lo que estás viendo en este momento presente no es una imagen instantánea del mundo sino un promedio de lo que has visto en los últimos 10 a 15 segundos”, dijo Jason Fischer, de MIT. “Esto es sorprendente, ya que muestra que nuestro cerebro sacrifica la precisión a favor de la continuidad y la estabilidad perceptual de los objetos”, agrega Whitney.
Esto significa que, en cierto modo, eso que llamamos realidad y que en esencia es una creación de nuestra percepción, es también una mezcla de pasado y presente, pues lo que vemos en cierto modo ya transcurrió, ya existió bajo una forma cuando lo consideramos aprehensible. Nuestro cerebro funciona como una computadora que sintetiza matemáticamente el flujo de la realidad para que pueda operar con cierta estabilidad. Al hacer esto, sin embargo, obliga a que no percibamos el mundo como tal, sino como una constante edición de las cosas.
De acuerdo con los científicos, de no contar con esta función nuestra manera de experimentar la realidad sería un tanto parecida a lo que sucede bajo los efectos de sustancias alucinógenas: cambios súbitos e imprevisibles de colores, juegos de sombras, explosiones de luz, flujos caóticos y otras consecuencias de la percepción liberada.
Una prueba de que nuestro ser consciente no tiene nada que ver con el cerebro y la memoria.
El músico británico Clive Wearing sufrió un severo caso de amnesia que solo le permite retener recuerdos durante un plazo de entre 7 y 30 segundos.
Fue el 27 de marzo de 1985 cuando el músico británico y conductor de radio, Clive Wearing, contrajo un virus que si bien en la mayoría de personas solo hubiese producido un resfriado, en su caso atacó directamente el cerebro, tranformándose en un Herpes simplex encephalitis, que afectó el hipocampo (región cerebral ligada a la retención de recuerdos de corto y mediano plazo). A partir de entonces, Wearing fue víctima de una severa amnesia, la cual solo le permite retener recuerdos de entre siete y treinta segundos.
Hasta el momento de contraer la enfermedad, Wearing era un reconocido director de coro, musicólogo, pianista, y conducía un popular programa en BBC Radio. El trágico caso fue expuesto en el documental “The Man with the 7 Second Memory” (2005), en donde comprobamos que este talentoso músico sufrió, además, de amnesia retrógrada, lo cual implica que también perdió todas las memorias previas a la exposición del virus. Wearing afirma ”Se lo que se siente al estar muerto. Día y noche es lo mismo. No tengo sentidos, mi cerebro esta completamente inactivo”. Sin embargo, extrañamente, logró retener dos recuerdos: aún toca exquisitamente el piano, y sabe que ama a su esposa.