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jueves, 27 de abril de 2017

Un nuevo estudio resuelve el enigma de las 'cataratas de sangre' de la Antártida



Un equipo de investigadores liderados por la Universidad de Alaska Fairbanks y el Colegio de Colorado (EE.UU.) ha resuelto el misterio de las conocidas 'cataratas de sangre' situadas en la lengua del glaciar Taylor, en el este de la Antártida, informa el portal Phys.org.

Los científicos han descubierto que la cascada de color rojizo procede de un depósito de agua salada con un alto contenido de hierro, que se encuentra bajo el glaciar, probablemente desde hace más de un millón de años. Según el estudio publicado en la revista 'Journal of Glaciology', la bolsa de agua tendría una profundidad de unos 90 metros y fue descubierta gracias a la tecnología de sondeo de radio-eco con el uso de un radar.



Según ha señalado Jessica Badgeley, la autora principal de la investigación, "las sales en el agua hicieron posible este descubrimiento, ya que intensificaron el contraste con el fresco hielo glacial". La cascada libera esporádicamente agua salada rica en hierro, que se vuelve roja cuando este último entra en contacto con el aire.

Los investigadores también han descubierto que el agua puede persistir en el interior de un glaciar extremadamente frío. Según la glacióloga Erin Pettit, el proceso del enfriamiento puede explicar cómo el agua puede fluir dentro del glaciar.

"A pesar de que suena contrario a la lógica, el agua emite calor cuando se enfría, y este calor calienta el hielo cercano, que está más frío", ha señalado Pettit. De esta manera, el calor y la temperatura del enfriamiento más baja del agua salada hacen posible el movimiento del líquido.


Según ha destacado la científica, el glaciar Taylor ahora es "el glaciar más frío conocido por el flujo persistente del agua".

lunes, 15 de septiembre de 2014

La NASA resuelve los misterios de la atmósfera de Venus

En el último estudio realizado por la NASA se descubrieron unos enormes agujeros en la capa cargada eléctricamente de la atmósfera de Venus llamada ionosfera.

Gracias a este descubrimiento, los científicos han obtenido la posibilidad de estudiar mejor el planeta Venus, con su atmósfera gruesa compuesta de dióxido de carbono, y unas presiones tan altas que las naves que aterrizan allí se aplastan a las pocas horas. Los agujeros ofrecen nuevas claves para aprender más sobre la atmósfera de Venus, en particular, cómo interactúa el planeta con los constantes ataques del viento solar y, quizás, incluso descubrir lo que hay en su núcleo, informa la NASA.

Dado que la ionosfera puede conducir la electricidad, se hace casi transparente para las líneas de los campos magnéticos. Las líneas van directamente a la superficie del planeta y a veces incluso dentro del planeta, dice Glyn Collinson, científico en el Centro de vuelo espacial Goddard en Greenbelt, EE.UU. Collinson está buscando marcas de estos agujeros en los datos recogidos durante la misión Venus Express de la Agencia Espacial Europea iniciada en 2006.

Durante la misión Pioneer Venus, realizada en 1978, los agujeros se veían solo en los períodos de mayor actividad solar, conocidos como el máximo solar. No obstante, según los datos obtenidos en la misión Venus Express, los agujeros pueden formarse también durante el mínimo solar.

Para entender lo que está ocurriendo en la ionosfera de Venus es necesario entender cómo interactúa el planeta con su ambiente en el espacio, concluye Collinson.