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jueves, 29 de junio de 2017
Confirman la existencia de agujeros negros supermasivos orbitando entre sí
Por primera vez en la historia de la ciencia, un grupo de astrónomos asegura haber observado el movimiento orbital entre dos agujeros negros supermasivos a cientos de millones de años luz de nuestro planeta. La búsqueda que comenzó hace más de una década ha dado sus frutos.
Para ser más exactos, el descubrimiento es el resultado de más de 20 años de trabajo, una hazaña increíble que quedará para siempre en los anales de la historia, sobre todo teniendo en cuenta las mediciones tan precisas que se necesitan para ello. Según ha explicado Greg Taylor, uno de los investigadores de la Universidad de Nuevo Mexico:
"Durante mucho tiempo, hemos estado buscando en el espacio para tratar de encontrar un par de estos agujeros negros supermasivos orbitando como resultado de la fusión de dos galaxias. Aunque hemos teorizado que esto debería estar sucediendo, nadie lo había visto hasta ahora."
"Se trata del primer par de agujeros negros que se ven como objetos separados que se mueven uno con respecto al otro, y por lo tanto hace de éste el primer ‘binario visual’ de agujero negro."
Para llevar a cabo el trabajo, el equipo observó el par de agujeros negros en una galaxia, la denominada 0402 + 379, a unos 750 millones de años luz de la Tierra. La galaxia fue observada por primera vez en 1995 y estudiada en el 2003 y 2005.
Para que nos hagamos una idea, los investigadores han explicado que la masa combinada de estos agujeros negros supermasivos es cerca de 15 mil millones de veces la de nuestro sol, y que su período orbital es alrededor de 24.000 años.
Esto significa que a pesar de que el equipo estuvo observando estos agujeros negros durante más de una década, no fueron capaces de detectar ni siquiera la más mínima curvatura en su órbita. Pensemos que uno de los principales problemas a los que se enfrentan es que los agujeros negros no se pueden observar directamente, sólo pueden detectarse por su efecto sobre la materia cercana.
Por tanto, para encontrar la órbita de estos agujeros negros, el equipo utilizó el telescopio Very Long Baseline Array (VLBA), compuesto de 10 radiotelescopios. Al medir las distintas frecuencias de las señales de radio emitidas por los agujeros negros pudieron trazar su trayectoria. Según Karishma Bansal, principal autora del estudio:
"Creemos que los dos agujeros negros supermasivos en esta galaxia se fusionarán. Una fusión que llegará en millones de años. Ahora que hemos sido capaces de medir el movimiento orbital en uno de estos pares, nos alienta a buscar otros similares. "
Lo cierto es que desde la teoría de la relatividad general de Einstein, los astrónomos han estado fascinados por los agujeros negros supermasivos. De hecho, recientemente se han dado nuevos descubrimientos sobre los agujeros negros, aunque todavía hay mucho camino por delante.
Por eso es tan importante el descubrimiento de hoy, porque nos permitirá observar la órbita y la interacción de estos agujeros negros y, quizás, revelar mucho más sobre el origen de nuestra galaxia o el papel que los mismos agujeros negros juegan en el universo.
El equipo ha explicado que en unos años volverán a dirigirse a esas dos regiones finitas del espacio para confirmar todas las observaciones y mejorar las proyecciones alrededor de las órbitas y sus trayectorias. Mientras tanto, hoy es simplemente un día para estar muy orgullosos. Por primera vez en la historia hemos observado el “tú a tú” de esos sumideros gravitacionales que llamamos agujeros negros.
sábado, 18 de octubre de 2014
Descubren «Exo-Urano» orbitando una estrella distante
Astrónomos han descubierto un planeta helado gigante a 25.000 años luz de distancia. Es el primero de su clase fuera de nuestro sistema solar y se asemeja a Urano.
Un equipo de investigación internacional liderado por Radek Poleski, investigador postdoctoral en la Universidad Estatal de Ohio, describe el hallazgo en un artículo que aparece en línea en la revista The Astrophysical Journal.
Mientras que Urano y Neptuno están compuestos principalmente de hidrógeno y helio, ambos contienen cantidades significativas de hielo de metano, lo que les da su aspecto azulado. Dado que el planeta recién descubierto está tan lejos, los astrónomos no pueden realmente decir nada acerca de su composición. Pero la distancia a su estrella sugiere que se trata de un gigante de hielo, y como la órbita del planeta se asemeja a la de Urano, los astrónomos están estudiando la posibilidad que sea un análogo de éste.
Independientemente, el «exo-Urano» recién descubierto lleva una existencia turbulenta: orbita una estrella en un sistema binario de estrellas, con la otra estrella lo suficientemente cerca para perturbar la órbita del planeta.
El hallazgo podría ayudar a resolver un misterio sobre los orígenes de los gigantes de hielo en nuestro sistema solar, dijo Andrew Gould, profesor de astronomía en el estado de Ohio. «Nadie sabe con certeza por qué Urano y Neptuno están situados en las afueras de nuestro sistema solar, cuando nuestros modelos sugieren que deberían haberse formado más cerca del sol», dijo Gould. «Una idea es que se formaron mucho más cerca, pero fueron empujados alrededor de Júpiter y Saturno y llegaron más lejos».
«Tal vez la existencia de este planeta se asocia con la interferencia de la segunda estrella», continuó.
El sistema binario de estrellas se encuentra en nuestra galaxia, la Vía Láctea, en la dirección de Sagitario. La primera estrella es aproximadamente dos tercios más masiva que nuestro Sol, y la segunda estrella es aproximadamente un sexto más masivo. El planeta es cuatro veces más masivo que Urano, pero su orbita respecto a la primera estrella en casi exactamente la misma distancia que la de Urano con nuestro sol.
Los astrónomos descubrieron el sistema solar debido a un fenómeno llamado microlente gravitacional, cuando la gravedad de una estrella enfoca la luz de una estrella más distante y la magnifica como una lente. En muy raras ocasiones, la firma de un planeta que orbita la estrella lente aparece dentro de esa señal de luz ampliada.
En este caso, hubo dos eventos separados de micro-lente, una en 2008 que reveló la estrella principal y sugirió la presencia del planeta, y otra en 2010 que confirmó la presencia del planeta y reveló la segunda estrella. Ambas observaciones se realizaron desde el Observatorio Las Campanas en Chile como parte del Optical Gravitational Lensing Experiment (OGLE).
Poleski dirigió el análisis, lo que implicaba la combinación de las dos observaciones OGLE. Cuando lo hizo, fue capaz de calcular las masas de las dos estrellas y el planeta, y sus distancias entre sí, una hazaña que él dice que sólo se puede hacer a través de microlente.
«Tuvimos la suerte de ver la señal del planeta, su estrella, y la estrella compañera. Si la orientación hubiera sido diferente, habríamos visto sólo el planeta, y probablemente hubiéramos pensado que flotaba libremente en el espacio», añadió.
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