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domingo, 28 de septiembre de 2014

Una científica estadounidense demuestra que los agujeros negros no existen




Una catedrática de física de la Universidad de Carolina del Norte asegura haber probado matemáticamente que los agujeros negros ni siquiera pueden formarse, ya que cuando una estrella emite radiación, su masa se reduce y carece densidad suficiente.

Durante décadas se pensaba que los agujeros negros nacían cuando una estrella se colapsaba bajo su propia gravedad, convirtiéndose en un único punto en el universo llamado singularidad, explica la Universidad de Carolina del Norte.

Según la teoría existente, la singularidad está rodeada por una membrana, llamada horizonte de sucesos, que demarca la zona en la que la atracción gravitacional de la singularidad es tan fuerte que al cruzar esta zona nada puede escapar de ella.

Para comprobar la inexistencia de los agujeros negros, Laura Mersini-Houghton, catedrática de física de la Universidad de Carolina del Norte, asegura haber unido dos teorías que, al parecer, son contradictorias, la Teoría de la Gravedad de Einstein y la ley fundamental de la teoría cuántica.


 
La teoría de Einstein predice la formación de los agujeros negros, pero la ley fundamental de la teoría cuántica sostiene que nada puede desaparecer en el universo. Los intentos de combinar estar dos teorías conducían al absurdo, y se conocían con el nombre de la paradoja de pérdida de información. 
 
En 1974, Stephen Hawking utilizó la mecánica cuántica para demostrar que los agujeros negros emiten radiación. Pero ahora, Mersini-Houghton, que está de acuerdo con la idea de que el colapso de una estrella produce radiación, dice haber demostrado que cuando una estrella emite radiación, su masa se reduce y, en consecuencia, no tiene densidad suficiente para que se forme un agujero negro.  
 
Muchos físicos y astrónomos creen que nuestro universo nació de una singularidad y empezó a expandirse con el Big Bang. No obstante, si las singularidades no existen, los físicos tendrían que reconsiderar sus ideas.

sábado, 9 de agosto de 2014

Evidencia científica sugiere que la muerte es un evento pacífico (e incluso placentero)

Probablemente nunca “sepamos” lo que ocurre cuando nuestro cuerpo muere, pues hasta donde sabemos, no podemos saber nada después de que nuestra conciencia deja de dar pruebas físicas de su existencia.

Sin embargo, las “experiencias cercanas a la muerte” (como la que sufren pacientes que se son sometidos a resucitación cardiopulmonar o que experimentan hipotermia) han dado pie a una fascinante investigación por parte del neurólogo Steven Laureys, de la Universidad de Liège, en Bélgica.

La conclusión rápida: las sensaciones que experimenta una persona cuando está clínicamente muerta son tremendamente placenteras.

Laureys investiga las funciones cerebrales de personas en coma o en estados vegetativos: “Continuaba escuchando estas historias increíbles de mis pacientes… A sabiendas de lo extraña que es la actividad cerebral durante un ataque cardiaco o trauma, fue impresionante la riqueza de estos recuerdos. Fue muy intrigante.”

Y es que cuando el cerebro deja de recibir sangre, las áreas que controlan las emociones pueden sufrir graves daños, por lo que uno esperaría que las experiencias cercanas a la muerte fueran técnica y fisiológicamente, imposibles. Pero ese no es el caso.

Después de analizar 190 experiencias documentadas (de pacientes que sufrieron ataques cardiacos, que se ahogaron, etc.) a través de la escala Greyson para medir la intensidad de las emociones, el equipo de Laureys descubrió interesantes similitudes.

El sentimiento predominante fue de paz, seguido de cerca por las experiencias extracorpóreas, y el cambio de percepción en el paso del tiempo. A pesar de que existen algunas experiencias negativas, la muerte parece ser un evento (consoladoramente) tranquilo.

A diferencia de las películas, donde se supone que antes de morir ves “pasar tu vida frente a tus ojos”, la investigación de Laureys sigue buscando pequeñas evidencias en el cerebro de estos pacientes para comprender mejor el proceso de muerte.

“Es necesario aceptar que hay muchas cosas que no entendemos, pero es importante aplicar el mejor método científico posible que podamos”, y añade que esta investigación “es un primer paso para entender algo que es realmente interesante y que en última instancia provee un mejor entendimiento de la conciencia.”